Por: La Tercera Vereda
Hay una frase en el fútbol que dice: «Si no podés con la pelota, pegale al jugador». En la política de Tigre, la máxima parece ser: «Si no podés ganar en las urnas, sacá la urna de la cancha».
La reciente proscripción de la lista de Julio Zamora por parte de la Junta Electoral del PJ no es un tema de reglamentos. Es una operación de pinzas de quienes hoy se dicen «dueños de la lealtad», pero tienen un archivo que los incendia. En 2017, tanto el massismo (con Stolbizer en Tortuguitas) como el kirchnerismo (con Unidad Ciudadana) despreciaron el escudo peronista porque no les servía. Lo dejaron tirado.
El massismo y el kirchnerismo hoy se abrazan a la «lealtad partidaria» para bajar a Zamora. Dan risa. ¿Lealtad? Hablamos de los mismos que en 2017 escupieron sobre el escudo del PJ: Massa lanzando 1País con Stolbizer para «frenar a Cristina», y Cristina fundando Unidad Ciudadana para vaciar el partido y dejar a Randazzo solo con un sello de goma. Hoy se dicen dueños del peronismo los que ayer lo tiraron a la basura cuando no les servía. Lo de hoy es puro pánico: no perdonan la humillación de 2023, cuando Malena Galmarini perdió en su propia casa contra un intendente que ni siquiera tenía boleta presidencial. Como saben que en una urna limpia vuelven a morder el polvo, usan la lapicera para ganar por secretaría.
Más allá de la rosca, queda una reflexión amarga: estas prácticas son las que terminan de dinamitar el puente entre la política y la sociedad. Mientras los dirigentes se encierran en despachos a ver cómo impugnan un aval o cómo «limpian» a un rival, el vecino de Tigre mira con una mezcla de hartazgo y desprecio. Esta mezquindad política, que pone el ego y la caja por sobre el bien común, es la que alimenta la bronca que después los sorprende en las elecciones generales.
Mientras ellos se pelean por quién tiene el sello más largo o quién hizo el trámite más prolijo en La Plata, hay algo que se les escapa: nosotros los estamos mirando. Esta pelea no es por el bienestar de Tigre, ni por los polideportivos, ni por la seguridad. Es una pelea de egos heridos y cajas municipales. Es la mezquindad política elevada a la enésima potencia, donde el «bien común» es un estorbo que molesta en la redacción de las listas.
Cuando la política se convierte en un juego de mesa para tres o cuatro apellidos, deja de ser una herramienta de transformación para ser un negocio de exclusión. Proscribir a Zamora es confesar que no tienen nada que ofrecerle a la gente, salvo más burocracia y miedo a la competencia.
Sigan creyendo que la realidad se maneja con expedientes. Mientras ustedes se quedan con el partido vacío, nosotros nos quedamos con la vereda. Porque al final del día, el peronismo que vale es el que camina con la gente, no el que le cierra la puerta en la cara para cuidar un privilegio.


